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¿Respalda acaso el Islam los crímenes de honor?
 
¿Cuál es el punto de vista islámico sobre los crímenes de honor?  La respuesta a esta pregunta depende de que se adopte un enfoque legalista o cultural en la definición del Islam.  La campaña jordana relativa al artículo 340 ha dado lugar a un debate revelador en el seno de la jerarquía musulmana en cuanto al rol que ha jugado el Islam en la evolución de los crímenes de honor. El stablishment religioso del estado afirma que los crímenes de honor no están relacionados con la religión islámica; por el contrario, el partido islamista en el parlamento jordano ve los crímenes de honor como una parte integrante del código del Islam.
 
El stablishment religioso en Jordania ve los crímenes de honor como un vestigio del tribalismo árabe preislámico, porque el Islam prohíbe "tomarse la justicia por su mano". El consejero de asuntos islámicos del Rey de Jordania, el Jeque `Izz ad-Din at- Tamini, manifestó que si una mujer es declarada culpable de adulterio, la persona que está legitimada para sancionarla será un "empleado especial" designado por el gobierno con tal finalidad. (31) La prohibición de tomarse la justicia por su mano no equivale a una denuncia moral de los crímenes de honor, se trata más bien de una crítica a la transgresión del principio de autoridad. Este planteamiento es habitual en el mundo árabe; así el consejo Ifta´ de la universidad Al-Azhar de Egipto, autoridad religiosa de mayor rango dentro del Islam sunita, promulgó una fatua en la que afirmaba que aplicar una pena a una mujer sorprendida en flagrante delito de adulterio o a la que se acusa de ese delito "debe ser dejado a la apreciación de las autoridades" (32) Y siguiendo la misma lógica, el muftí de Gaza, Jeque Abd al-Karim  Kahlut, llega incluso a solicitar la pena de muerte para los autores de los crímenes de honor, porque "aquellos no están autorizados a aplicar (una pena) a las mujeres". (33)
 
Sin embargo las autoridades religiosas mantienen escasas divergencias en cuanto a la pena que corresponde aplicar a los adúlteros. Hamdi Murad, responsable en el ministerio jordano de el Awqaf, explica que si un adúltero, hombre o mujer, estaba precedido por una reputación sin tacha, el castigo islámico apropiado será recibir cien latigazos, mientras que si su reputación estaba ya manchada, el castigo es la lapidación hasta morir. (34) El Ministro jordano del Awqaf (Los fundamentos religiosos), ´Abd as-Salam ´Abadi, considera que en el caso de una adúltera no casada, "la sharía es clara: ésta debe recibir ochenta latigazos". (35)

El Frente de Acción Islámico mostró su desacuerdo. En el acaloramiento del debate jordano, esta coalición de diversos grupos islamistas, la mayor parte de los cuales se encuentra afiliada a Los Hermanos Musulmanes, promulgó una fatua declarando que los crímenes de honor están bien vistos por el Islam; los parientes masculinos deberían castigar a sus parientes femeninas y no pasar esa responsabilidad al estado. Ibrahim Zayd al-Kaylani, a la cabeza del grupo FAI del comité Ifta', manifestó que un hombre que se abstiene de cometer un crimen de honor, dejando esa pesada carga al gobierno, "niega los valores de virilidad defendidos por el islam". El artículo 340, añadió Kaylani, está basado en "el principio islámico que autoriza a un musulmán a defender su honor, su propiedad y su sangre" (36) Muhamad ´Uwayda, decano del Colegio de la Sharía de la Universidad Zarqa y miembro de la cámara baja, afirmó que aun cuando la sharía prohíbe  a los individuos tomarse la justicia por su mano, "los casos en que un hombre sorprende a su mujer cometiendo adulterio constituyen una excepción".(37) El Fai promulgó una fatua para apoyar la posición según la cual "derogar el artículo 340 entraría en contradicción con la sharía." (38) Fue así como el Movimiento Islamista jordano declaró repentinamente que los crímenes de honor son parte integrante del dogma del Islam y no un detestable vestigio de paganismo tribal.

El stablishment islámico adoptó un enfoque legalista de las enseñanzas del Islam, sosteniendo que los crímenes de honor no se encuentran prescritos en el Corán. Los islamistas, por el contrario, ven los crímenes de honor en el contexto cultural de de las enseñanzas islámicas y los consideran coherentes con "sus valores de virilidad".

¿Una práctica islámica?

Por diversa razones, el punto de vista de los islamistas sobre la relación entre el Islam y los crímenes de honor tiene más que ver con influencia real que ejerce la religión sobre tales crímenes, que el sostenido por el stablishment religioso. En otros términos, la influencia del Islam sobre la conducta de los musulmanes no está limitada a lo que prescriben los textos sagrados; sino que aquella incluye también las percepciones culturales del islam.

En primen lugar tenemos el hecho, descrito más arriba, de que el público jordano y sus representantes electos aceptan, por mayoría de casi dos tercios del total, que los hombres castigues a sus parientes femeninas. Esta costumbre se encuentra profundamente arraigada en una sociedad piadosa que no percibe los crímenes de honor como una aberración con respecto a las enseñanzas del Islam. En efecto, no es nada raro escuchar a los autores de estos crímenes expresar de buena fe  su convencimiento de que lo que habían hecho era absolutamente coherente con su religión.(39)

En segundo lugar, si bien es cierto que los crímenes de honor encuentran su origen en el tribalismo árabe preislámico, no lo es menos que esta práctica se incorporó a la sociedad  islámica, y en virtud de ello se convirtió en práctica corriente en todo el mundo musulmán, incluyendo ahí la India, Pakistán, Turquía y Los Balcanes. En el Kosovo musulmán, por ejemplo, miles de mujeres musulmanas violadas por los serbios  durante la guerra, fueron abandonadas por su marido. Y tal como denuncia un observador, la mayor parte de las víctimas no denuncian el crimen porque en la sociedad albanesa la violación cubre de vergüenza a la víctima. Las mujeres que tuvieron hijos como resultado de la violación, abandonaron a sus bebés y se escaparon del hospital para "vivir sin identidad a fin de evitar que su situación se conociera, lo que hubiera hecho de sus vidas un infierno." (41)

En tercer lugar, los crímenes de honor se insertan en un sistema más amplio de costumbres que se deriva de la especial manera en que se conforma la vida musulmana aunque no lo requiera  el Islam, pero que recibe el beneplácito de las autoridades musulmanas. La escisión, más conocida como mutilación genital femenina, es otro ejemplo: extendida principalmente en los países musulmanes africanos, no se encuentra mencionada en los textos sagrados musulmanes y no tiene su origen en el Islam. En otros términos, la mutilación genital femenina, costumbre claramente preislámica, ha sido adoptada por las autoridades islámicas modernas que declaran la escisión digna de una conducta islámica. El muftí Sa'id al-Hijawi de Jordania, refiriéndose  a la práctica de la escisión en una tribu del pueblo de Rhama en el sur de Jordania, decretó que la escisión era "un rasgo noble aceptado por el Islam, pese a no ser obligatoria." (42) Esta fatua está en la misma línea que los decretos de numerosas autoridades superiores islámicas de Egipto de las últimas décadas. El ex jeque de Al-Azhar, Jadd al-Haq 'Ali Jadd Al-Haq, por ejemplo, decretó en 1983 que es imposible dejar de lado las enseñanzas del Profeta Mahoma para adoptar las enseñanzas de otros, incluso de médicos, porque la ciencia médica evoluciona y no permanece constante. La responsabilidad de la escisión incumbe a los padres y a los que tienen la el deber del bienestar de la niña. Los que no se atienen a esta manera de ver las cosas no cumplen con su obligación. (43) Es importante resaltar que el Jeque Muhammad Sayyid at- Tantawi, cuando era muftí de Egipto, promulgó una fatua contradictoria en la que afirmaba que la decisión de la escisión debería ser suspendida en opinión de los doctores de la ley. (44) El Jeque Tantawi sigue manteniendo esta fatua en su actual condición de Jeque de la universidad Al-Azhar.

En cuarto lugar, hay que destacar que la política de "no tomarse la justicia por su mano", que domina los círculos de las autoridades islámicas, no más que una prohibición de índole moral y religiosa no exenta de equívoco en cuanto a los crímenes de honor. La negativa de las autoridades islámicas a denunciar sin ambigüedades los crímenes de honor le indica a la población que esta práctica no entra necesariamente en contradicción con el Islam.

En quinto lugar, la objeción islámica a los crímenes de honor, ya de por si ambigua, resulta aun menos eficaz cuando tomamos en consideración la manera en que los eruditos musulmanes interpretan el versículo coránico 4:34 que legitima el maltrato conyugal. Este versículo dice: "Los hombres son responsables de las mujeres...Por ello las mujeres virtuosas obedecen (a sus maridos)...
¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que puedan rebelarse, dejadlas solas en el lecho, y golpeadas! Si obedecen, no os metáis más con ellas." Diferentes estudiosos islámicos han tomado en consideración este versículo con la finalidad de regular la violencia conyugal. El Jeque Yusuf al-Qaradawi, decano de la Sharía de la Universidad de Qatar y uno de los líderes de Los Hermanos Musulmanes, aboga por las correcciones no dolorosas:

Si el marido percibe que aumentan los sentimientos de desobediencia y de rebelión contra él por parte de su mujer, aquel debería poner todo de su parte para lograr que rectifique con palabras amables, una persuasión delicada y tratando de razonar. Si eso no sirve de nada, debería probar a dormir en otro lugar, con la finalidad de despertar en ella su naturaleza femenina agradable de tal suerte que la serenidad sea restaurada y que aquella responda de manera armoniosa. Si este intento fracasa, le estará permitido golpearla con sus manos ligeramente, evitando la cara y otras partes sensibles. En ningún caso debería recurrir a varas u otros instrumentos que puedan causarle dolor o heridas. (45)

Otros eruditos islámicos han realizado sus propias recomendaciones sobre esta cuestión. Algunos excluyen formalmente las fracturas óseas e insisten en que en ningún caso los golpes deben ir acompañados de "violencia verbal" (46) La sección  de reglamentación islámica del diario de la Autoridad Palestina prohíbe los navajazos.(47) Hay consenso sobre el hecho de que el marido debe tratar de evitar dejar lesiones en el cuerpo de la mujer, y todos los eruditos muestran igualmente su acuerdo sobre el hecho de que golpear a la mujer es siempre el último recurso. De todos modos se recomienda hacerlo cuando la pareja está al borde del divorcio: "Es mejor para un marido golpear un poco a su mujer, para hacerle sentir que su equivocación al destruir la familia mediante un divorcio." (48)

La religión, en suma, no puede ser confinada a los estrechos límites del Corán y otras fuentes genuinas. Estos últimos incluyen desarrollos e interpretaciones que aparecieron con posterioridad a los textos sagrados. Si esta lectura cultural de las enseñanzas del Islam es aceptada, entonces el rol del stablishment islámico dominante se revela a si mismo como cultivador de los "valores de virilidad" que conducen a los crímenes de honor.

El Mundo Exterior

Si bien  el movimiento que ponga fin a los crímenes de honor debe proceder del interior de las sociedades musulmanas, estas últimas pueden ser ayudadas por el mundo exterior. La comunidad internacional debería, como primera providencia y antes de nada, posicionarse sobre esta cuestión. Un informe de las Naciones Unidas emitido en enero de 2000 que trataba sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, estuvo cerca de incluir los crímenes de honor entre las violaciones de los derechos fundamentales del hombre. La ponente, Asma Jahangir, condenó los crímenes de honor en tanto que "práctica atentatoria contra el derecho a la vida" (49) Su informe denunciaba especialmente a los gobiernos que mantienen  exención o penas simbólicas para los crímenes de honor, y alababa al gobierno jordano y a la corona por su iniciativa de reformar el código penal jordano a fin de adaptarlo a las normas internacionales.

Pero un juzgado de inmigración americano no aceptó, en diciembre de 1997, el argumento de que la existencia de crímenes de honor no constituye una razón para garantizar el asilo. Una mujer jordana que había mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio  se fugó a los Estados Unidos por miedo a ser asesinada. Las actas del proceso revelan que su padre había pedido a su hermano que la matara y ella solicitó el asilo invocando ese motivo. (50) Para tener derecho al asilo, aquella estaba obligada a demostrar que los crímenes de honor son un sistema general de persecución a un grupo social definido por el sexo, y que el perseguidor es, bien el propio gobierno, bien un grupo que el gobierno no desea controlar o se muestra incapaz de hacerlo. El Juez entendió que esa situación no había resultado probada. En agosto de 1999, el Órgano competente para conocer de las apelaciones de inmigración confirmó la decisión del juez y mantuvo que el temor de la mujer a ser asesinada era especulativo y derivaba de "una disputa personal familiar", más que de una persecución oficial o semioficial. Así dicho Órgano puso de manifiesto que "el gobierno jordano intenta proporcionar un cierto grado de protección a sus súbditas femeninas y castigar a los que lesionan a las mujeres por contravención de las normas sociales" aunque no lo haga en la medida en que debería. (Por el contrario a Fauziya Kasinga, una africana huida de su país por miedo a la escisión, se le otorgó el asilo americano en 1996) (51)

A pesar de éxito representado por el caso Kasinga,  parece que las autoridades de inmigración americanas se muestran todavía confundidas ante las demandas de asilo de carácter no político. Legítimas, pero no siempre suficientemente justificadas, el temor a una emigración masiva entra en conflicto con la tendencia natural a ayudar al individuo en peligro. En el caso de Kasinga, las autoridades judiciales hicieron prevalecer la solución moral, en el caso de la mujer jordana, lo que si hizo prevalecer fue la literalidad de la ley. La razón de esta diferencia ha de ser buscada fuera de los tribunales. La campaña contra la mutilación genital femenina ha alcanzado una gran difusión en los medios de comunicación en los últimos años, gracias al testimonio de las mujeres que relataron sus terribles experiencias. La ausencia de esa difusión en lo concerniente a los  crímenes de honor seguramente perjudicó a la mujer jordana en la solución de su caso.


Conclusión

El fenómeno de los crímenes de honor se ha convertido en una plaga en muchas sociedades musulmanas a nivel mundial. A pesar de su claro origen pagano y preislámico, las autoridades islámicas contemporáneas raramente manifiestan una clara condena de aquellos. Importantes estudiosos del Islam en Jordania incluso han llegado más lejos declarando los crímenes de honor un imperativo islámico derivado de "de los valores de virilidad invocados por el Islam." Esta indeseada evolución no resulta sorprendente cuando se tiene en cuenta el beneplácito que otorgan a estos crímenes tanto el pueblo como los dirigentes musulmanes.  Puede pasar aun bastante tiempo antes de que la reducción de condena por crímenes de honor sea abolida en los países árabes. No obstante la campaña contra el artículo 340 del código penal jordano ha resultado un éxito en, al menos, un aspecto: ha hecho añicos el silencio que envolvía a estas atrocidades. 

Bibliografía del Articulo de Y.F.